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En años recientes, el estudio de la resiliencia ha cobrado popularidad, pues las preocupaciones de los investigadores se han ampliado para incluir no sólo el reconocimiento de lo patológico sino la comprensión de lo “normal”, esto es, el análisis de los procesos que otorgan estabilidad, seguridad y bienestar a la vida de la mayoría de las personas. La resiliencia se sitúa como un componente importante en este cuerpo de conocimientos.
La resiliencia se considera una cualidad siempre positiva, por cuanto implica percibir los problemas desde sus posibilidades de superación y reparación y reaccionar positivamente a pesar de las dificultades. Sin embargo, es indispensable entender que la resiliencia no es una característica esencial de ciertos individuos o grupos, más bien, resulta de un complejo interjuego entre los individuos y su entorno y comienza a formarse muy temprano en la vida. Frecuentemente los autores definen factores que promueven e inhiben el desarrollo de la resiliencia, entre los segundos destacan el maltrato, la indigencia, el aislamiento, la enfermedad crónica y las patologías o las adicciones de alguno o de ambos padres. Por el contrario, un ambiente de cuidado, apoyo emocional y protección favorece la formación de una personalidad resiliente. Así, la resiliencia comienza a construirse, como el apego, en la relación temprana entre el niño/a y sus cuidadores primarios, sin embargo, puede desarrollarse y fortalecerse en cualquier etapa.
El ambiente es un factor determinante para la construcción de la resiliencia, quizá más importante que la constitución biológica de los individuos. El desarrollo de la resiliencia se ha investigado sobre todo en contextos altamente adversos, tales como guerras, pobreza, exclusión, exilio y abandono. Los psicólogos y otros profesionistas de la salud mental comenzaron a preguntarse por qué ciertos individuos con historias francamente dolorosas habían logrado convertirse en adultos exitosos y equilibrados y hallaron que, básicamente, en algún punto de sus vidas habían encontrado personas en quien confiar y ambientes estabilizadores.
La resiliencia tiene que ver con la manera en que las personas viven y asimilan situaciones potencialmente traumáticas a lo largo de la vida (la muerte de alguien querido o cualquier otro tipo de pérdida), por supuesto, la familia, la escuela y la comunidad inciden en este proceso, pero también lo hacen la cultura y la política. Las culturas que favorecen la tolerancia, en las que se fomenta el desarrollo de vínculos familiares, la cooperación y la equidad, promueven la formación de individuos resilientes. Asimismo, una política social que apoya efectivamente a los cuidadores para que lleven a cabo su labor de crianza (mediante jornadas laborales que fomentan la convivencia familiar, la asesoría terapéutica y educativa, por ejemplo.), que ofrece espacios y oportunidades de convivencia y educación para niños, niñas y jóvenes, es una política social que promoverá el bienestar de los individuos y el desarrollo de sus capacidades.
Con respecto a los recursos familiares y sociales asociados a la resiliencia, los investigadores han señalado la importancia del cariño, el afecto, el apoyo emocional y la existencia de un orden familiar con límites claros y razonables. Se ha enfatizado el valor de los procesos interactivos, la cohesión, la flexibilidad, la comunicación franca y la capacidad de resolver problemas como factores que favorecen el buen funcionamiento familiar y contribuyen al bienestar de sus miembros. También ha sido ampliamente documentada la importancia del apoyo de las redes sociales en situaciones de crisis. En un estudio sobre niños resilientes de Kauai, se halló que la influencia más positiva en sus vidas fue una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo (padres, tío, abuelo u otro pariente o amigo) que los defendía y era una fuente de fortaleza en las dificultades.
Referencias:
Amar Amar, José Juan, María Angélica Kotliarenko y Raimundo Abello Llanos (2003). Factores psicosociales asociados con la resiliencia en niños colombianos víctimas de violencia intrafamiliar. Documento electrónico
http://rcientificas.uninorte.edu.co/index.php/investigacion/article/view/1134/710 (25/04/2013).
Bonanno, George (2004). Loss, trauma and human resilience. Documento electrónico http://www.public.asu.edu/~iacmao/PGS191/Resilience%20Reading%20%231A.pdf (25/04/2013)
Manciaux, Michel (Comp.) (2001) La resiliencia; resistir y rehacerse. Gedisa, España.
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Barudy y Marquebreucq (2006) identificaron, al trabajar con niños y niñas exiliados, tres objetivos primordiales:
El tratamiento de las consecuencias individuales del trauma a nivel médico, psicológico y social en los niños y en los adultos que les rodean.
La reconstrucción de los vínculos y de la red familiar y social.
El apoyo a las familias en sus procesos de adaptación a la sociedad de acogida.
Estos objetivos son válidos para cualquier población que ha enfrentado condiciones exacerbadas de exclusión y deberíamos tenerlos en cuenta para brindar una atención integral, que permita la construcción de individuos resilientes. Entre las estrategias que Barudy y Marquebreucq proponen para acceder al logro de estos objetivos, se encuentran:
Las prácticas en grupo como fundamento del proceso de comunitarización. Esta consiste en fomentar la formación de grupos que faciliten el reencuentro y la autoayuda entre las familias (talleres para niños, campamentos de verano). Todas estas actividades son complementarias a las intervenciones terapéuticas individuales o familiares. El trabajo en grupo se considera la vía más efectiva para reconstruir la pertenencia y favorecer la transmisión cultural y la integración del niño y su familia.
Los grupos para madres de niños pequeños. Mujeres con la experiencia compartida de ser madres en condiciones de alta vulnerabilidad se reúnen periódicamente para compartir sus experiencias y aprender de ellas, en estos espacios se movilizan altas dosis de solidaridad. Se trata de crear un espacio de apoyo de la relación de apego con el objetivo de estimular el desarrollo de una interacción “suficientemente sana” entre el hijo y la madre.
Talleres terapéuticos, lúdicos y creativos para los niños. Al ofrecer a los niños espacios de encuentro en torno a una actividad lúdica se intenta reforzar su identidad y ofrecerles vías para expresar su sufrimiento, sus preguntas y sus esperanzas por medio del juego y la creatividad.
Fuente: Barudy, Jorge y A P Marquebreucq (2006) Hijas e hijos de madres resilientes. Traumas infantiles en situaciones extremas: violencia de género, guerra, genocidio, persecución y exilio. Gedisa, España.
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LECTURA RECOMENDADA
Simpson, Maria Gabriela (2008). Resiliencia en el aula, un camino posible. Bonum, Buenos Aires.
Este texto constituye una herramienta útil para entender el desgaste emocional que deriva de la exposición continua a relatos de violencia y, sobre todo, contiene ejercicios prácticos que ayudarán a identificar el SDP a nivel personal tocando aspectos físicos, emocionales, conductuales y espirituales. A través de una serie de preguntas, el lector puede reflexionar sobre la naturaleza de su quehacer profesional y cómo éste se relaciona con su historia personal, con su cuerpo y con el manejo y la expresión de sus emociones. Asimismo, encontrará algunas sugerencias para trabajar sobre su bienestar personal y, de esta forma, lograr un mejor desempeño laboral.
EVENTOS
American Family Therapy Academy’s (AFTA) 35th Annual Meeting and 2nd Open Conference
Coupling Today: Love, Parenting, Community. Systemic Practices with Couples and Families in their Social Contexts
Chicago 5-8 June 2013
http://afta.org/2013
ESTSS Conference. Trauma and its clinical pathways: PTSD and beyond
Bologna, Italy 6-9 June 2013. http://www.estss-2013conference.eu/
NAPCRG Practice-based Research Network Conference
4th Conference in the Series: Brain Development & Learning
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